Cuando cometes un error, tal y como hemos aprendido a lo largo de nuestra “educación”, debes coger una pancarta de dimensiones superiores a las que tu mente puede imaginar , escribir la palabra “loser”, del inglés perdedor, y andar desnudo por la calle en el mes de más frío del año.

¿Por que?

Simplemente porque nos encanta castigarnos, y que mejor manera que esta. Pero seguro que se te ocurren muchas otras maneras y seguramente muy sofisticadas para hacerlo.

Las Torturas mentales están muy de moda, se llevan con todo.

Aquí la buena noticia: ¡ya puedes dejar de “joderte a ti mismo”!

(disculpad mi lenguaje, sabéis que no es propio de mí, pero quería darle un toque dramático.)

¿Por qué dejar de hacerte daño?

Porque recientes estudios publicados en el Journal of Medical Stupidity (JMS) dicen que sentirse culpable por los errores no ayuda a sentirse mejor ni a dejar de hacerlos.

¿Por qué no lo intentas ver de la siguiente manera?

Hacer un error y no darte cuenta quiere decir que no tienes ninguna oportunidad para mejorar las cosas o dejar de hacerlas mal. Vives en los “Mundos de Yupi”, es como tener un gran trozo de lechuga entre los dientes mientras te entrevistan en directo por la cadena de mayor audiencia. ¿A que sonríes como si no pasase nada…?

Hacer un error y darte cuenta quiere decir que tienes un estado de consciencia que te ayuda a mejorar con relación a ti y a tu mundo. Al menos ahora tienes la opción de hacer algo al respecto!

Si al caerse uno no se volviera a levantar para evitar equivocarse de nuevo, viviríamos en un mundo a gatas.

¿Y qué problema hay en hacer las cosas mejor?

Una pequeña dosis de humildad es muy sana, nos ayuda a aceptar que somos imperfectos, todos. ¿No estamos aquí para aprender?

Si no reconoces tus errores no puedes hacer nada para mejorar. ¡No hay nada peor que vivir en la ignorancia! Si aceptas la imperfección como algo natural en ti y en el resto, ya no hay necesidad de juzgarte ni juzgar a los demás.

Hay una regla universal: Nunca vas a tener a todo el mundo contento. Hagas lo que hagas, la mitad de la humanidad lo aprobará y la otra lo condenará. Lo más importante es dónde te posicionas tú en relación a ti mismo y desde dónde lo haces; desde el juicio o desde el corazón. Mientras esté hecho con respeto y amor y esté bien para ti, has ganado la partida, por hoy.

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