La traducción literal del término Feng Shui es “viento y agua”, es decir los dos elementos naturales que con su presencia en la tierra definen las características más o menos salubres de un determinado lugar.

 

Para comprender el significado intrínseco es necesario analizar la filosofía china, particularmente el taoísmo.

 

Según el taoísmo, son dos los principios generales que regulan el desarrollo de los eventos naturales: el Ch’i y el equilibrio dinámico de Yin y Yang.  El Yin es el principio “húmedo”, oscuro y femenino, mientras que Yang es el principio “cálido”, luminoso y masculino. Es así que en el Feng Shui el símbolo del yin es representado por el agua, mientras que el yang se identifica con el viento, entendido como “respiración”. De hecho, agua y aire son elementos indispensables para la vida.

 

El fuego se asocia al sur, y representa el principio de luminosidad, de inventiva, de inspiración, de espíritu. El agua se asocia con el norte, y con conceptos como el reposo, el interior y las relaciones interpersonales.

El metal, que mira al oeste y al noroeste, se relaciona con la organización, las actividades financieras y las inversiones.

La tierra se asocia al noreste y sudoeste, y coincide con el gobierno, lo social, la alimentación y la salud.

Finalmente, la madera apunta al este y sudoeste y comprende los viajes, el comercio, los inventos y la informática.

De esta manera, la disposición de las habitaciones, el diseño, la geometría de nuestra casa, los colores y los materiales que usamos inciden sobre el flujo y positividad de nuestro Ch’i personal

Por lo tanto, si el Ch’i de nuestra casa se relaciona profundamente con nuestro Ch’i personal, nosotros mismos reflejaremos a nuestros ambientes, y ellos serán nuestros espejos, a su vez. Dado que el Ch’i es portador de bienestar y vida, siempre se debe favorecer el ingreso en la propia habitación dejándolo libre de obstáculos. Siempre debe haber un movimiento abierto dentro de los ambientes, así como sucede en la naturaleza.  Una vez que se instala el Ch’i, debe facilitarse su recorrido, porque algunos elementos pueden ser impedimentos, de acuerdo a cómo los organicemos – los ambientes y objetos contenidos en ellos.

Esta práctica se especializa propiamente en esto, porque los principios del Feng Shui permiten optimizar flujo del Ch’i, proveyendo algunas pautas válidas para aprender a detectar esta energía y a sanarla cuando es negativa (lo cual se denomina Sha Ch’i).

El Ch’i se trasforma en Sha Ch’i,  una fuente de malestar y negatividad, cuando el flujo de energía se aumenta demasiado – como por ejemplo en corredores largos – o cuando se vuelve muy lento, por ejemplo en ambientes donde se acumulan diversos objetos que no son necesarios Por lo tanto, debemos evitar en todos los lugares donde sea posible, los ángulos demasiado agudos, o extremos que sobresalgan demasiado. Estos se desaconsejan debido a su influencia negativa.

No por nada el Shar Ch’i se entiende como la energía que se recoge y se deposita en las esquinas de nuestro apartamento. Además, en el Feng Shui cada aspecto de nuestra vida tiene un área o ángulo correspondiente en la casa.  Para conocer este tipo de correspondencias y comprender las influencias del ambiente sobre las personas se usa el Bagua, una suerte de brújula de forma octogonal.

A menudo se modifica la colocación de los muebles en una habitación, en algunos casos debido a una exclusiva exigencia de practicidad,  pero en otros casos debido a que algo parece fuera de lugar. El cambio de posición de la cama o el diván trae a menudo un sentido de satisfacción, por la mejora obtenida.

Algunos pequeños cambios en la disposición de los muebles o el color de las paredes pueden ser estratégicos para reencontrarse con la armonía del ambiente que nos cobija. En una situación en la cual dicho ambiente nos parece  menos acogedor que lo normal, esto puede afectarnos psíquica y físicamente, con lo cual debiéramos dirigirnos a un consultor de Feng Shui capaz de darnos los mejores consejos.

 

 

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