La palabra mindfulness no tiene una traducción exacta, vendría a ser consciencia.

Cuando hablamos de consciencia nos referimos a la mente, a vivir la vida de manera consciente. No dejar que nuestra mente viva nuestra vida siendo nosotros una parte que recibe las influencias emocionales de las vivencias. Vivir con consciencia es aplicable a todo lo que hacemos, dormir, respirar, pensar, hablar, querer, en definitiva vivir.

Vivir con consciencia es una clave importantísima para vivir la vida con plenitud. Es una manera de alejarnos de la creencia que en el futuro las cosas irán mejor, o en el futuro se nos premiará por el presente, o si nos portamos bien iremos al cielo… si podemos estar en el cielo aquí en la tierra, ¿por qué deberíamos vivir en la tierra como si estuviésemos en el infierno?

Una cosa es ser positivo y otra es vivir esperando que las cosas vayan mejor, con un pie en el futuro, dejando de lado el presente.

Nada ni nadie nos garantiza que si hacemos las cosas de cierta manera el futuro sea como nos gustaría que fuese. Solo tenemos efecto sobre nosotros mismos y nuestro presente, o futuro inmediato.

Vivir con consciencia, es una tarea que puede resultar muy complicada cuando llevas una vida entera haciéndolo de manera inconsciente. Tu mente te ha llevado toda su vida hacia donde ella quería y tú pensabas que eras tú mismo el que tomaba las decisiones.

La mente es un niño malcriado, un caballo desbocado, esta es su naturaleza. Si después de toda una vida de desmesurada inconsciencia  intentas controlarlo, te va a costar lo tuyo.

Necesitarás paciencia, disciplina, constancia, comprensión, tolerancia, ingenio…

No esperes que las cosas cambien de la noche a la mañana, los hábitos cuestan de corregir, y más los malos.

Cada día que te levantes va a parecer que has dado un paso hacia atrás, debes mantenerte fuerte, y seguir trabajando, el fruto de tu esfuerzo va a terminar por brotar, pero nunca cuando lo esperas ni de la manera en que lo esperas.

Cuando un niño pequeño tiene una rabieta, no lo juzgues, no sabes qué está sintiendo o las profundas razones que hacen que reaccione de la manera en que lo hace. Observa pacientemente a ver si puedes ver la naturaleza del comportamiento del niño que llevas dentro.

 

La manera como tú te tratas es la manera como tu tratas a la gente, trátate con amor.

 

Recuerda que este niño pequeño tiene sus prioridades y sus necesidades. Si le quitas el caramelo hará lo posible por recuperarlo. Te manipulará para conseguirlo, te engañará si es necesario, te hará chantaje emocional, te hará sentir culpable y mal contigo mismo, hasta que cedas y le des el caramelo. Debes ser ingenioso, y no caer en las trampas de la mente.

Tan solo intenta lo siguiente: en la próxima hora, o escoge una hora del día que te parezca, limítate a observar tu mente, coge tú el timón.

  • Observa lo que piensas, lo que piensas de lo que piensas, lo que te hace sentir, adonde te lleva lo que sientes, hacia qué pensamientos.
  • Genera un sencillo filtro; observa si lo que piensas te genera un sentimiento positivo o negativo.
  • La idea es: poner distancia de lo que sientes y piensas, dejar de ser el protagonista directo de tu vida y pasar a ser un espectador, mirarte a ti mismo de manera objetiva, observando desde el no juicio tu patrón de pensamiento y sus emociones.

 

Las emociones son alteraciones de los estados internos, de la química, de los neurotransmisores. Es como tomarte una copa, te embriaga, y no te deja ver las cosas claras, puedes ver doble, las emociones pueden alterar tu percepción de la realidad. Cuando estás bajo sus efectos, estás en un mar crispado, y no eres objetivo, debemos calmar la marea para dejar al verdadero tú tomar de nuevo las riendas.

Debemos encontrar la manera de estar en un espacio en el que observamos lo que sentimos, no lo sentimos directamente. Las emociones nos generan inestabilidad y nos alejan del estado de calma y observación.

Formamos parte del juego pero es elección nuestra jugar, o no, si no queremos.

Este debería ser nuestro estado las 24h. del día, intentemos practicar tan solo una hora. Centrar la atención en ello.

Una vez hecho el ejercicio:

¿Es fácil?

¿Cómo de fácil es observarte a ti mismo?

¿Quién gana las emociones o los pensamientos?

¿Qué generas con más facilidad pensamientos que generan sentimientos positivos o negativos?

 

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